domingo, 24 de junio de 2012

España - Francia 2-0

España - Francia 2-0


Juan Jiménez | 23/06/2012
A esta Bella España no le podrán decir jamás que es como el Boring Arsenal. Primero, porque su juego está a años luz y luego, porque ya no gana siempre 1-0 (one-nil to the Arsenal). Ante Francia, bestia negra histórica a la que jamás había ganado, no le valía el 1-0 de Portugal, Paraguay, Alemania u Holanda. Con Francia, que tantas y tantas veces había agachado la cabeza de España, era necesario el descabello para terminar por siempre con esas fotos malditas de Platini, Raúl en Brujas, Zidane... Se lo dio Xabi Alonso, uno de los faros de la Selección, que llevó a las semifinales a España con un partido inmenso, una demostración de la capacidad coral de este equipo donde nadie es más que nadie pero unido es casi invencible. Un ejemplo para los que empiezan. España está en semifinales y le pega una patada memorable a la historia. Portugal, Cristiano, ya le espera en la semifinal, pero la sensación de seguridad que transmite la Selección hace pensar en cosas grandes. Otra vez grandes.






Da la sensación de que España juega más tranquila que los 45 millones de españoles que le siguen. Que maneja el partido a su antojo, juega con los tiempos. Tiene el control y la pausa 65 minutos y luego, si puede, acribilla. Así mandó a casa a los chicos de Blanc, una selección que pareció menor e hizo recordar tiempos españoles de mediocridad. La inferioridad de Francia fue insultante. Es posible que a España le falte ese punto de emoción que exalte a la masa, pero lo que está consiguiendo esta generación de futbolistas, ir pasando rondas en grandes torneos con esa naturalidad cuando antes parecía un imposible, resulta admirable. Histórico y admirable.

España tuvo una puesta en escena muy convincente. Un primer cuarto de hora académicamente brillante. Jugó rápido y mezcló el toque corto habitual con los cambios de orientación y desmarques de ruptura. Una orden, por supuesto, de Del Bosque, para diversificar los registros y hacerse menos previsible. Por eso, en menos de cinco minutos, Xabi Alonso y Cesc burlaron el achique francés (Blanc juntó muchísimo las líneas) y Clichy fue al bulto. Cesc sintió el contacto y fue al suelo. Rizzoli obvió una jugada dudosísima.

A España no le importó. Jugó con la seguridad que sólo dan los títulos y con la energía de quien no ha perdido el hambre. El hambre del nuevo, Jordi Alba, que corrió con una fe memorable a un balón en profundidad de Iniesta. Alba, que está completando una Eurocopa espectacular, con un altísimo grado de competitividad, no se inquietó, venció a Debuchy y Rami y se tomó el tiempo necesario para que Xabi Alonso apareciese en el área como un Lampard cualquiera. Xabi recordó sus primeros tiempos en los campos de Donosti. O en la Premier. Y se marcó un cabezazo memorable que coronó sus maravillosos primeros veinte minutos de partido: asistencia a Cesc, tiro desde el medio del campo que casi sorprende a Lloris, colocación impecable en el campo. Y gol. España tuvo luego cinco minutos de sinfonía, con la pelota volando por el césped de esa inmensidad que es el Donbass Arena. El gol dejó groggy a Francia. Blanc, entrenador reputado y con buena fama entre los críticos, se traicionó, limpió de la alineación a Nasri y jugó con Reveillere y Debuchy para tapar a Iniesta y Jordi Alba, los arquitectos del 1-0. Un par de escaramuzas de Ribèry y Benzema, aislados del resto del equipo, y una falta sacada por Cabaye que Casillas despejó a córner fue lo más peligroso de Francia.

España se fue al descanso tan tranquila, tan segura, que no supo si preocuparse de tan rutinario que le estaba resultándo el partido y la victoria.

Hubo guerra fría de calentamientos al descanso. Blanc puso a en la banda a Mènez, Giroud y Nasri y Del Bosque a Torres y Pedro. Pero en los primeros minutos de la segunda parte hubo ajedrez. Francia hizo sudar a la defensa en dos llegadas de Cabaye. Todo al mando de Benzema, retrasado unos metros para construir. Antes de irse, Cesc no Del Bosque entendió a los primeros temblores que debía mover el árbol. Pedro y Torres; chispa y ruptura ante la primera amenaza de cansancio y amaneramiento en el juego. Francia sacó lo que tenía, pero le faltaba precisamente lo que hace grande a España: la idea, el sentido colectivo, el plan. La clarividencia. Absolutamente confiada, gigante, España cerró el partido después de una diablura de Pedrito que Rizzoli castigó como penalti. Xabi Alonso coronó su gigantesco partido con el 2-0. Gritó y se liberó. Como todos. España, lejos del acomodamiento que va a ganar, puso otra pica en Flandes, Francia, su glamour y su grandeza, se va para casa sin rechistar. Y España, que ya merece un aplauso, está en semifinales. De Cristiano hablamos en otro momento.



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