domingo, 21 de octubre de 2012

José Bretón: en el corazón del monstruo

José Bretón: en el corazón del monstruo

Todos conservamos en la retina las caritas de Ruth y José, de seis y dos años de edad. Se teme que han podido ser asesinados. ¿Qué hombre hace algo así con sus hijos? Quizá el que nunca ha podido sentir amor hacia ellos, porque ser padre biológico no quiere decir que se quiera a un hijo, así como tampoco que se pueda actuar como un padre. Él mismo afirma ser exigente con los niños, le molestaba que tosieran, que hicieran ruido al comer, que se ensuciaran las manos, en definitiva, que fueran niños. Hace poco la madre de Ruth y José, en un acto dedicado a la memoria de los niños donde leyó una carta dirigida a ellos, decía: “Nunca tuvisteis padre”. Es cierto. Es una verdad que quizá apunta a una de las motivaciones inconscientes que José Bretón pudo tener para supuestamente asesinarlos. Alguien que hace eso quiere borrar de la faz de la Tierra que él ha tenido hijos, porque nunca ha podido ser padre. Jamás pudo sentir que deseaba ocupar ese lugar. Sus hijos fueron presuntamente sacrificados para satisfacer el afán de anular a su descendencia. Incapaz de ponerse en el lugar del otro, José Bretón tiene una deficiencia moral grave que no le permite sentir compasión.

Dedicó el supuesto asesinato de sus hijos a su mujer y a sus padres. Digo “dedicó” porque es muy simbólico que lo realizara en la finca de ellos, de nombre 'Las Quemadillas'. Organizó así un acto de venganza hacia su mujer, que había decidido separarse de él 23 días antes del crimen. Es algo que por un lado le libera del odio que siente y, por otro, hace que ella siempre quede atada a él por el rencor y el dolor.

¿Dónde se gesta esa personalidad? La familia de Bretón fue llamada a declarar por obstrucción a la Justicia, dado que sus declaraciones eran contradictorias. Mentir para defender a un hijo de un acto tan atroz delata una catadura moral muy alterada. Las mentiras presuntamente dichas por la familia se han tratado de entender echándole a Bretón la culpa, diciendo que tiene mucha influencia sobre ellos. A los pocos días de la desaparición de los niños, en casa de los padres se encontraron recetas de tranquilizantes. Él se puso muy nervioso, gritó a su madre y a su padre, que estaba cabizbajo. ¿Por qué se permite que un hijo te trate así? ¿Qué lugar de omnipotencia se le da para esa actitud? ¿Cómo es posible que la madre le inculpe y luego le justifique? José tiene una familia patológica, su madre nunca ha mostrado pena por sus nietos, su padre no habla. Unas personas tratan de verles como víctimas de su hijo, otras intuyen que han podido actuar mal disculpando y tapando el asesinato.

Doble violencia. La violencia que se ha interiorizado en los primeros años de vida, puede expresarse de dos formas muy distintas: una se dirige hacia fuera (se daña o se es violento con otro), la otra se dirige contra la propia persona y aparece el intento de suicidio. José Bretón lo hizo de ambas formas, se intentó suicidar en 1997 poniendo en su coche unas bombonas de camping gas y apareció inconsciente porque había ingerido ansiolíticos. Todo ello después de una ruptura. A José le va el fuego y la idea de quemarse y quemar –siempre en el mismo sitio, la finca de sus padres–, puede estar relacionada con la búsqueda de sentir algo en un psiquismo casi muerto para tener afecto por alguien.

El 7 de octubre José Bretón lleva dentro de sí un rechazo profundo por su persona, es un narcisista con una personalidad psicopática, frío y calculador, invadido por el odio. Este exmilitar estuvo en Bosnia como conductor de ambulancias y después fue camionero, quiso entrar en la Guardia Civil pero no dio la talla. Algo que le ha debido pasar como hombre y como padre, quizá también, previamente, como hijo.

El 7 de octubre del año pasado, un día antes de la boda de un amigo, fue a Huelva a por los niños y le entregó una carta a su mujer en la que ponía: “No me digas que después de tanto tiempo juntos no nos queda un poco de rescoldo a la esperanza, yo me encargaré de avivarlo, tengo la eternidad para hacerlo... ¿Qué es lo que nos separa? ¿Tanta repelencia te produzco?”. ¿Tenía José en su cabeza la idea de dejar un “rescoldo” de sus hijos en caso de que ella no le responda? ¿Utilizaba estas palabras porque ya lo tenía todo preparado? Parece que sí porque el día antes había comprado 140 litros de gasoil. ¿Le atribuía a Ruth una repulsión hacia su persona que siente hacia ella?

El odio hacia las mujeres de este hombre lo expresa a la policía contándoles sus presuntas hazañas sexuales con anteriores novias y la historia con una prostituta rumana, además de hablar de su mujer en términos totalmente despectivos. La dependencia que este hombre tiene de las mujeres le resulta insoportable. Es celoso y controlador, vive obsesionado por la posibilidad de que la mujer le engañe. Es un psicópata. Él tiene percepción de lo que hace, incluso puede valorar lo que siente. Así, dice en unas notas incautadas por la policía: “Tal vez prefiero hacer daño antes de que me lo hagan”. “Soy mala persona”.

La mirada psicológica

Un incompetente moral. “En la calle soy una mierda, pero en mi casa mando yo”, dice José Bretón. Significa que oscila entre la falta de autoestima y la megalomanía. Tiene todas las características de un perverso narcisista, miente, no siente emociones. Frío y controlador, asiste desafiante a lo que sucede. Ser inteligente no salva de la locura. Estas personas pueden ser muy brillantes, pues la inteligencia no está reñida con la perversión. No les funciona el sentimiento de culpa, porque les sobrepasa el de venganza y manipulan con mentiras a todo el que se pone en su camino. La locura no justifica ningún acto, solo sirve para entender psicológicamente por qué alguien actúa de determinada manera. Ser consciente de lo que se hace no es lo mismo que tener conciencia sobre lo que se hace.




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