martes, 18 de noviembre de 2014

El infierno de la mujer que tiene 90 orgasmos cada hora

El infierno de la mujer que tiene 90 orgasmos cada hora


Ir de compras, recoger a sus hijos de la escuela… Estas son actividades que para el común de los mortales pueden parecer normales, pero que son una tortura para Cara Anaya (residente en Arizona, Estados Unidos). ¿La razón? Sufre una extraña enfermedad llamada «Trastorno de excitación sexual persistente» que hace que todo lo que se encuentra a su alrededor le genere excitación. «Desde fuera puede sonar maravilloso, pero es frustrante y vergonzoso», explica la mujer, la cual puede llegar a tener más de 90 orgasmos cada hora y 360 minutos de exaltación sexual al día,

Tal y como explica la versión digital del diario «Daily Mirror», la insufrible vida de esta estadounidense de 30 años comenzó de improviso y hace tres años. Concretamente, se hallaba comprando comestibles en el supermercado cuando comenzó a sentir que el aire, los olores del ambiente y, en definitiva, todo lo que se encontraba a su alrededor, provocaba que se excitara.

Repentinamente, se cayó al suelo horrorizada y tuvo un orgasmo para el asombro general de los clientes que se encontraba cerca suya. «Estaba asustada y confundida. Fue uno de los orgasmos más intensos de mi vida. Además, fue la primera vez que tuve varios orgasmos [160] durante seis horas», afirma en declaraciones recogidas por el diario británico.


Desde ese momento de nada han servido las visitas continuas a médicos y psiquiatras, pues no hallan el origen ni la solución del problema. Para ella, ese fue el comienzo del infierno: «cuando estás cerca de los niños te siente como un pervertido porque les quieres y no puedes reprimir lo que te sucede. Además no puedo participar en viajes escolares porque ni los niños ni los padres entienden lo que me sucede», completa Anaya.

«Se ha devastado mi participación en la vida de mi hijo porque me siento demasiado sucia para ser una parte de ella. Queremos que sea un chico normal, pero al mismo tiempo no puede tener amigos porque mamá tiene esta dolencia», completa. A su vez, esta estadounidense ha tenido que abandonar su trabajo y, según explica, aprender a ocultar su excitación sexual cuando sale a la calle (algo que cada vez hace menos).

«Algunos días solo quiero olvidarme de todo y quedarme en casa con las persianas bajadas. Otros, en los que solo he sufrido 10 orgasmos, siento que puedo volver a trabajar y recuperar mi vida», destaca Anaya. A nivel físico, la joven explica que no siente dolor. De hecho, no puede evitar reírse cuando tiene un orgasmo, aunque en su interior es una inmensa tortura que ha terminado con su vida.
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