lunes, 24 de noviembre de 2014

Porque El Verdadero Pecado Es Morir Sin Amar Ni Ser Amado

Porque El Verdadero Pecado Es Morir Sin Amar Ni Ser Amado

Somos seres primitivos. Aunque llevemos smartphones en nuestros bolsillos y la fibra óptica llegue a nuestra casa, nuestra mayor preocupación de un sábado por la noche sigue siendo follar. Un auténtico ritual de seducción que se desarrolla en barras de bar y salas de baile. Solteros y solteras acuden en manada con un único propósito para esa noche: beber del calor de otro ser humano.

A veces ocurre que, cuando se alinean los planetas, encontramos a ese alguien especial, nos emparejamos y decidimos que solo queremos beber de ahora en adelante de sus fluidos. Abandonamos el ritual de los sábados y descubrimos nuevas formas de acabar juntos en la cama. Porque la convivencia y la confianza no matan el deseo, sino la monotonía. Es por ello que aprovechamos la mínima oportunidad para que nuestros cuerpos entren en contacto.

Y así es como poco a poco empezamos a perder la vergüenza y la cabeza por esa persona. Llegamos a la conclusión de que para facilitar el roce entre nosotros lo mejor es pasear desnudos por casa. También salimos disparados hacia el cuarto de baño quitándonos la ropa por el pasillo cuando oímos que él/ella se está duchando o aprovechamos que estamos cocinando para mancharnos de comida el uno al otro y así tener que volver a despojarnos de la ropa por tercera vez en el día.

Cuando estamos con otra persona liados entre las sábanas todo lo demás desaparece, las horas pasan y ni siquiera nos acordamos de comer, como si el calor del otro ser nos llenara por dentro, proporcionándonos un subidón de energía que se refleja en nuestro rostro con una sonrisa de oreja a oreja. A la mañana siguiente somos más felices, vemos la vida desde un nuevo prisma y nos sentimos capaces de afrontar cualquier cosa.

Desde el momento en el que lo probamos, el sexo se convierte en una droga, en una necesidad, el instinto nos empuja a fundir nuestro cuerpo con el de otros. Algunos se empeñan en combatir la lujuria con castidad y jersey de cuello vuelto, cuando el verdadero pecado es morir sin llegar a amar ni ser amado.

El arte es una ventana abierta a las sensaciones humanas, un contenedor en el que se arrojan todo tipo de sentimientos y emociones. Muchos artistas deciden reflejar en sus obras el placer de amar, proyectando a través de ellas el calor que desprenden los cuerpos cuando entran en contacto.
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